QUE ME PASA CUANDO ALGUIEN ME JUZGA

Hoy he llamado a mi mejor amiga. Le he explicado que me sentía dolida, triste y enfadada.. también enfadada. Cuando me ha preguntado cual era el motivo, al principio no lo tenía muy claro. Pero después he caído en la cuenta. Y es que hoy Ramón, mi marido, me ha dicho que lo hago todo mal. Que soy muy tonta, torpe y despreocupada. También me ha dicho que revise las luces antes de marchar de casa… Pues acostumbro a dejarlas encendidas.

Después de hablar con mi amiga me he sentido mejor. Y es que ella me ha entendido. Dice que es lo que hace su psicóloga con ella, entenderla. Que siempre se pone en su piel e intenta vivirlo como si fuese ella. Y que eso la ayuda… que al menos no le dice que son tonterías o que no haga caso de lo que opine la gente. Y es que el juicio que hacen los demás sobre nosotros, según como se emplee, duele. A nadie nos gusta que nos digan “que somos esto o somos lo otro”. Pero los demás, (también nosotros) emiten juicios, eso no podemos evitarlo. Es normal entonces como me siento?  Pregunto a mi mejor amiga.

Ella, de lo que ha aprendido en terapia, me comenta lo siguiente:
Si, Joana, es normal. En primer lugar, te diría, que aceptes el sentimiento. Recíbelo, no lo juzgues tú. No te digas a ti mismo que no te debería doler, o que deberías pasar de lo que digan los demás. Acepta que eres sensible y que no te ha gustado. Después, cuando ya hayas empatizado con tu pequeño mundo emocional y puedas razonar, detente a pensar que tipo de juicio has recibido.

Existen dos tipos de críticas, una de más fácil manejo que la otra.  Por un lado, la crítica constructiva y  por otro, la destructiva. La crítica constructiva, no es otra cosa que la declaración por parte de otra u otras personas de que no les ha gustado una conducta observable concreta. No tiene que ver con cómo somos globalmente, sino con cómo hemos actuado en un determinado momento. Tiene como propósito ayudar a realizar un cambio en tu propio beneficio. Si te das cuenta  de que la crítica que te han hecho es de aire constructivo, entonces puedes  recibirla como un regalo. ¿Por qué? porque puede enseñarte cosas sobre el mundo que te rodea, puede ayudarte a conocer aspectos propios que el otro conoce sobre ti mismo,  a conocer la repercusión que puede tener un determinado comportamiento en el otro,  y puede ayudarte a mejorar tus relaciones interpersonales.  Si el juicio se te emplea con respeto, se te comunica de manera asertiva y tiene como objetivo cualquier tipo de aprendizaje, entonces el error seria desechar la crítica, y adoptar un comportamiento del tipo “me da igual todo lo que me digan”. “yo soy así y me da igual lo que opinen los demás”

¿Y si la crítica es destructiva? Entonces ya son de más difícil manejo. Estas últimas hacen referencia a la identidad de la persona y no a conductas concretas que ha realizado. Así pues, nos encontramos con críticas del tipo “es que tu eres tal… o eres cual”. Estas críticas, también pueden hacer referencia a conductas observables, pero suelen emplearse de manera exagerada y devaluatoria, usando términos como nunca o siempre “es que nunca haces nada bien”  “es que siempre metes la pata”.  Ciertamente, este tipo de críticas no son agradables para nadie que las recibe.
Entonces.. (le pregunto a mi amiga que veo que está puesta en el tema) ¿Qué hago cuando reciba una crítica? Como la manejo?

Mi amiga me dice que siga el siguiente esquema:

1. Escucha la crítica y diferencia si ésta es constructiva o destructiva.

2. En caso de ser constructiva, analiza que puedes aprender y que parte te interesa quedarte del juicio. ( “revisa las luces”, te dice Ramón)

3. En caso de ser destructiva, ayuda a la persona a reformular la crítica para que esta se convierta en una queja de conductas observables y no en un juicio a tu identidad. La crítica debe ser precisa, sin exagerar y debe sugerir un cambio, un comportamiento alternativo concreto.

4. Si la critica sigue siendo devaluatoria, (“eres torpe y tonta”, dice Ramón) ofensiva o hecha a mala fe, deséchala y protégete de ese juicio. No tienes por qué creerte todo lo que te dice y puedes pedirle que no vuelva a hablarte así.

Ana Páez. psicóloga cognitiva-Humanista

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